La montaña rusa de las renovables

El pasado mes de enero saltaba la noticia. El Ministerio de Industria comunicaba que se paralizaban las subvenciones a las energías renovables.

 

Se podría entender una paralización de la energía termosolar. Muchos eran los analistas que indicaban lo caro de la tecnología y lo poco desarrollada que estaba/está. En este contexto era comprensible que se ralentizasen los nuevos proyectos (respetando los ya comenzados) para evaluar el desarrollo de esta tecnología tan prometedora. Se trataría así de evitar la formación de otra burbuja, como la acontecida con la fotovoltaica en 2008.

Se podría entender también (desde el punto de vista gubernamental) una reducción de los cupos a la fotovoltaica para reducir el volumen de primas sufragado. El anterior gobierno ya consiguió indirectamente una gran reducción de las nuevas instalaciones por la aplicación de medidas retroactivas, que desincentivaron a los promotores.

No se entiende en cambio, la paralización de un sector tan dinámico como el de la eólica. Muchos puestos de trabajo están en peligro (algunos hablan de hasta 33 000 empleos). Y lo que es peor, un tejido empresarial que tanto ha costado crear podría ser destruido. Las empresas de construcción volverán a medrar al calor de una economía pujante y créditos baratos. Pero la deslocalización de las plantas productivas del sector renovable es un proceso irreversible.

Urge, por tanto, demandar al ministerio de Industria que mediten lo que tengan que meditar y que devuelvan la tranquilidad al sector con un marco regulatorio y un sistema de primas que permita el sostenimiento de la industria nacional. Este periodo de “meditación” no se debe alargar más de un mes. La misma premura que se le ha exigido al gobierno en otros temas debe exigírsele en éste asunto.

Un Gobierno, al llegar al poder debe asumir los compromisos que adquirió el regulador precedente. Así ocurre con los tratados internacionales que firma España. Sorprende, y mucho, que seamos tan escrupulosos (como debe ser) con los foráneos, y no respetemos el marco regulatorio con la industria nacional.

El parón a las renovables es injusto porque las trata a todas por igual. Si razonable era paralizar las primas a la termosolar, si cuestionable era electrocutar el sector fotovoltaico (y ya van dos veces) no se justifica de ninguna forma la detención a la que se enfrentan los aerogeneradores y sus fabricantes. Necesitamos un sector estable, no una montaña rusa.

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